
jueves, 28 de agosto de 2008
sábado, 16 de agosto de 2008
Regreso a casa

Una mujer antigua viaja en colectivo
con un almohadón de plumas atado al pecho,
armadura que instala esa distancia que otros tienen
pero que ella no,
porque el corazón de las antiguas
está pegado a la piel.
A veces duerme parada
con los golpes que la acunan
y sueña sueños de colectivos
breves
apurados
de ventanilla abierta
con curvas cerradas.
Son sueños para el viento
para perderlos al bajar.
con un almohadón de plumas atado al pecho,
armadura que instala esa distancia que otros tienen
pero que ella no,
porque el corazón de las antiguas
está pegado a la piel.
A veces duerme parada
con los golpes que la acunan
y sueña sueños de colectivos
breves
apurados
de ventanilla abierta
con curvas cerradas.
Son sueños para el viento
para perderlos al bajar.
ANTIGUAS, de Graciela Vega.
Etiquetas:
Colectivo 74,
sentada en el piso.
martes, 5 de agosto de 2008
Otra Antigua
(Para Gloria Flamenca)
De tanto en tanto, las mujeres antiguas también pelean. Aunque no saben rabiar a gritos, ni patear el pecho del oponente para derribarlo con aires de victoria. Pero pelean. Y el adversario queda desarmado por la sorpresa, la duda, o el encantamiento. Porque ellas surcan el abismo por un cañadón, toman la distancia exacta para estar cerca y al alcance de los sentidos del enemigo. Oyen el viento. Respiran profundo. Se rodean el cuerpo con sus propios brazos y se conectan con la memoria visceral. Abren los ojos salvajes como cuevas negras y, sin mover los labios, exhalan un canto que golpea las piedras. Brutal audible llanto.
El enemigo quiere responder y se arma de puños, de gritos y de palabras.
Da un paso y tambalea.
El eco en el cañadón lo encierra y lo derriba.
Porque no puede
ni sabe
ni tolera dominar.
Del libro Antiguas, de Graciela Vega
De tanto en tanto, las mujeres antiguas también pelean. Aunque no saben rabiar a gritos, ni patear el pecho del oponente para derribarlo con aires de victoria. Pero pelean. Y el adversario queda desarmado por la sorpresa, la duda, o el encantamiento. Porque ellas surcan el abismo por un cañadón, toman la distancia exacta para estar cerca y al alcance de los sentidos del enemigo. Oyen el viento. Respiran profundo. Se rodean el cuerpo con sus propios brazos y se conectan con la memoria visceral. Abren los ojos salvajes como cuevas negras y, sin mover los labios, exhalan un canto que golpea las piedras. Brutal audible llanto.
El enemigo quiere responder y se arma de puños, de gritos y de palabras.
Da un paso y tambalea.
El eco en el cañadón lo encierra y lo derriba.
Porque no puede
ni sabe
ni tolera dominar.
Del libro Antiguas, de Graciela Vega
sábado, 19 de julio de 2008
La Princesa Viajera, de Silvana Benaghi
Yavi Chico


Humberto Mamani, arqueólogo jujeño, acaba de mandarme estas imágenes del Museo. Trato de recordar la breve estadía allí... los gestos de los pobladores... la fuerza salida desde la piedra y el viento.
No olvido la pregunta de alguien que estaba conmigo mientras yo miraba asombrada el paisaje: -¿Usted viviría aquí?
Y mi respuesta inmediata: -Un tiempo... hasta...
No olvido la pregunta de alguien que estaba conmigo mientras yo miraba asombrada el paisaje: -¿Usted viviría aquí?
Y mi respuesta inmediata: -Un tiempo... hasta...
Y el silencio que me vino como un rayo. Y me partió al medio con preguntas viejas.
La respuesta mediata aún no la sé. Sigo admirando esa fuerza. Aquí está Yavi Chico...
La respuesta mediata aún no la sé. Sigo admirando esa fuerza. Aquí está Yavi Chico...
domingo, 13 de julio de 2008
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